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miércoles, 21 de noviembre de 2007


Kika, nuestra perra boxer (en realidad es de María, mi hija mayor, pero bueno, digamos que nos la prestó desde que la trajo), desde siempre se acostumbró a correr tras los gatos. Era lo "normal", los gatos corrían, y ella detrás. Chispi, la gata de mi hija Nuria, que se quedó a vivir en la huerta (tambien "de prestado"), tuvo descendencia. Uno (o una, aún no lo tenemos claro) de sus descendientes es esta (o este) que veis, le hemos llamado Blanquito, y nunca tuvo miedo a Kika. Blanquito nunca corrió, nació libre de temor alguno, y Kika nunca le persiguió (para mí que es hembra). Es una situación nueva para Kika, y la examina con curiosidad. Blanquito (o Blanquita) creo que está un poco asustado, Kika nunca se había acercado tanto, pero ha decidido no huir, y ahí están los dos, compartiendo el sol de invierno del patio de la casa de mi padre.
Creo que podemos aprender.

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