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miércoles, 21 de noviembre de 2007


Kika, nuestra perra boxer (en realidad es de María, mi hija mayor, pero bueno, digamos que nos la prestó desde que la trajo), desde siempre se acostumbró a correr tras los gatos. Era lo "normal", los gatos corrían, y ella detrás. Chispi, la gata de mi hija Nuria, que se quedó a vivir en la huerta (tambien "de prestado"), tuvo descendencia. Uno (o una, aún no lo tenemos claro) de sus descendientes es esta (o este) que veis, le hemos llamado Blanquito, y nunca tuvo miedo a Kika. Blanquito nunca corrió, nació libre de temor alguno, y Kika nunca le persiguió (para mí que es hembra). Es una situación nueva para Kika, y la examina con curiosidad. Blanquito (o Blanquita) creo que está un poco asustado, Kika nunca se había acercado tanto, pero ha decidido no huir, y ahí están los dos, compartiendo el sol de invierno del patio de la casa de mi padre.
Creo que podemos aprender.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Histórico


Bajo este título genérico de "Histórico" comienzo a reeditar algunos artículos sueltos, escritos a partir de 1994, en principio para ser leídos en la radio por Maribel Manjón, y que posteriormente fueron publicados a partir de 1995, en el semanario "La Voz de Medina".
El crear este blog, incluso su nombre, proceden de mi afición a escribir lo que siento, y lo que sentía cuando escribí estos sueltos. Recuperaré tambien fotografías con texto de esa época, algo que me motivó tanto como para pensar incluso en un nombre para esa afición de mezclar texto y fotografías. Poco a poco.

Publicado el 4/3/1995

En muchas ocasiones me acuerdo de mi abuela Amparo. Tenía los ojos claros y el pelo blanco, tirando a malva, sujeto en un moño alto, pero sobre todo eran sus ojos, claros, entre azules, grises y verdes, casi ciegos en sus últimos días, lo que mejor recuerdo de mi abuela. Murió a consecuencia de la anestesia de una operación de cataratas.

- Alfonso, hijo, tú que piensas de que me opere?.
- Abuela, eres joven todavía, aún te quedan por ver muchas cosas, y la gente que se ha operado está muy contenta.
- Pues sabes que te digo, hijo, que me voy a operar.

Mi abuela, al hablarme, siempre me decía hijo, cariñosamente. Al principio, de chaval, creía que mi abuela se equivocaba, pero luego comprendí que era su forma de decirme que me quería. En la guerra, mataron a su marido y a los dos hijos varones, y cuando por algún motivo suspiraba, no decía ¡ Ay Dios!, como casi todo el mundo, sino ¡Ay mis hijos!. Solía decir hijo a los hombres a los que quería como tales.

Cuando murió, mi hija mayor, que por entonces debía tener tres o cuatro años, nos preguntaba:
- ¿Dónde está la abuela Amparo?.
Yo, señalando la Luna, le decía:
- ¿Ves cómo brilla?. Eso es porque allí está la abuela.
Y a María, mi hija, le brillaban los ojos de Luna y alegría, porque su bisabuela, a la que ella llamaba abuela Amparo, estaba en un sitio tan bonito.

De mi abuela recuerdo sus ojos, entre cielo, lluvia y trigal, y recuerdo también su tolerancia y su generosidad. Yo, creyente en la reencarnación como forma de perfeccionamiento del espíritu, hasta que pueda llegar a fundirse con la Divinidad, siempre pensé que me gustaría conocer a la persona en que volviera a habitar el alma de mi abuela Amparo. Ahora sé que nunca la conoceré, porque su espíritu ya aprendió lo necesario.

Hoy todavía, de vez en cuando hablo con ella, y si al pasar con el coche por una calle iluminada, una farola me hace un guiño, creo ver, tonto de mí, sus ojos, entre verdes, grises y azules, y últimamente casi ciegos, sonriendo al oir las cosas que os cuento, desde mi ventana.

L. Alfonso Asperilla
PD.- La fotografía que ilustra esta entrada está escaneada de una bastante antigua, y está sin retocar (como se puede apreciar sobre todo en la diferencia entre sus ojos, ya con cataratas). Sobre esta fotografía, Nacho, el marido de la tata Rosa, hizo un dibujo que la supera ampliamente por cuanto refleja (en mi opinión), bastante mejor el espíritu de mi abuela, de nuestra abuela.


Incluyo esta fotografía del tío Felipe, que es el personaje del texto que viene a continuación, como primer comentario.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

La campana Maragata y la campana María



Para algun@s de nosotr@s, tiene un sabor antiguo la campana María, un sabor a comunicación rápida, a aviso urgente de peligro, de un tiempo en que casi nunca pasaba nada, ni había teléfonos móviles, ni siquiera televisión.


Y la campana Maragata, y los maragatos que la tocan, y la campana María y quienes la tocaban, me dejan en la retina el sabor añejo, casi antiguo, de ese tiempo en que los únicos momentos de prisa, de ajetreo y agitación, a lo largo de todo un año, los marcaban ellas, alguna vez, durante una semana determinada, con su toque a rebato.

Sueños de fotógrafos


Cuando los fotógrafos dormimos, entre la neblina del sueño soñamos con preciosas imágenes, casi perfectas, con reflejos casi totalmente nítidos en aguas casi totalmente en calma, y apretamos el disparador, en sueños.
Luego, en la realidad cotidiana, alguna vez tropezamos con alguna imagen en particular, y nos atrevemos a soñarla. Y a veces, encontramos la misma satisfacción que cuando en sueños, apretábamos el disparador.


La coral Voces Amigas de Medina del Campo



Por algo se empieza

Bueno, pues ya hay un espacio, un blog, una ventana desde la que me puedo asomar y ver, y a través de la cual os podeis asomar y mirar. Subiré fotos, comentarios, y esperaré los vuestros. Todo dentro del mas absoluto respeto a la persona, no tanto a las ideas. Un saludo.