Bienvenidos a este espacio

La entradas pueden ser comentadas, siempre que l@s remitentes de esos comentarios no sean anónim@s, ni los comentarios ofensivos o insultantes.



viernes, 31 de mayo de 2013

Publicado el 10/6/1995 Ya se está produciendo el relevo. Suavemente, sin traumas, a los que vivimos en la primavera del 68 nuestra propia primavera, nos están madurando los renuevos. Me he sorprendido con el hecho, pero es tan natural como cualquier otro acontecer vital. Mi hija mayor, a la que hace unos días estaba meciendo en su cuna, y ayer mismo la iba a buscar a la salida del colegio, ya está en la Universidad. No soy consciente del tiempo transcurrido, pero debe ser cierto que ya tiene dieciocho años. Y sin embargo, ¿dónde están esos dieciocho años? Cuando me miro en el espejo no tengo dudas, pero no es eso lo que pregunto. Lo que me pregunto es que si durante todo ese tiempo hemos vivido en permanente contacto, si hemos aprendido juntos tantas cosas, ¿cómo es que no tengo presente en mi memoria cada momento de esa experiencia única, de ese hecho irrepetible que es la crianza de un hijo? ¿Qué es lo que queda? Estamos tan acostumbrados a tenerlos siempre delante, que no disfrutamos, que no atesoramos cada momento que pasamos con ellos. Y luego, en cada reencuentro, queremos forzar unas risas, restablecer unos puentes que pudieran haberse destruido, y no pensamos que no hacen falta puentes si seguimos siendo los mismos, que no se han creado distancias si antes no las había, que la misma naturaleza de la relación es la que va a eliminar los desacuerdos, como siempre lo ha venido haciendo sin habernos dado cuenta. Son las dos de la madrugada, y estoy escribiendo estas líneas en la habitación, vacía, de mi hija mayor. Ella estará en otra habitación de otra ciudad, viviendo otra parte de su vida. Su luz iluminará a otras gentes, pero a nosotros nos deja en una cierta oscuridad. Qué curioso. Gracias a esa oscuridad destaca más vuestra luz, la luz de las personas especiales que día a día veo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 3/6/1995 El otro día me suicidé. No es que lo tuviera pensado, pero si es cierto que alguna vez, por distintos motivos, había cruzado por mi mente la idea de acabar con mi vida. De hecho, si no hubiera sido por lo del trabajo, puede que no hubiera vuelto a pensarlo, pero perder el trabajo cuando uno tiene ya cuarenta y tantos años, no es precisamente alentador. Así que me decidí. Mientras estaba preparando la cuerda, (fuerte, para no hacer el ridículo), mezclado con la desesperación sentí miedo y al mismo tiempo noté el poder, un poder inmenso en mis manos. Mi mujer se había ido a la compra, la pequeña estaba en la guardería y el mayor en el instituto, tenía tiempo de sobra. Probé el gancho que había en el techo de la despensa y aguantó perfectamente mi peso, así que coloqué la silla, medí y até la cuerda, me pasé el lazo por el cuello, y después de mirar las paredes que me rodeaban, di una patada a la silla y… Cuando llegó el juez para levantar el cadáver, la viuda con los ojos anegados y una niña pequeña en sus brazos, con un gesto le indicó el lugar. El muerto ofrecía el desagradable aspecto que ofrecen los ahorcados, y después de examinar la pequeña habitación, ordenó que le bajaran para llevarle al depósito, donde se procedería a la autopsia. Al salir por el pasillo, a través de la puerta medio abierta de una habitación, vio a un muchacho de unos 16 o 17 años, que sollozando golpeaba la cama con el puño. Aproximadamente a la misma hora, nacía en una clínica privada de una ciudad no muy lejana, una niña preciosa, hija de unos joyeros que tenían varias joyerías en la ciudad. Nadie podía pensar que, cuarenta y tres años más tarde, un accidente de caballo la dejaría confinada en una silla de ruedas para el resto de su vida. Volviendo a nuestro relato, la viuda montó un pequeño negocio que la permitió asegurar el porvenir de sus hijos, aunque el mayor no pudo arrancar jamás de su mente la imagen de su padre, ni pudo entender porqué lo hizo. La pequeña hizo pedagogía y montó una escuela-granja en una finca cercana, que con el tiempo fue conocida en todo el país por sus excelentes resultados en la educación de niños “difíciles”. Su madre acabó trasladándose a la granja, donde tuvo oportunidad de ofrecer todo su amor y comprensión a aquellos pequeños, que cuando terminaban sus estudios, volvían a visitar la granja, como ellos decían, sobre todo por ver a “la abuela”, quien disfrutó de sus visitas durante muchos años. Cualquier parecido de esta historia o de sus personajes con la vida real es pura coincidencia, ya que se debe exclusivamente a mi imaginación, pero pienso que pudo ser así la realidad, cuando el otro día me enteré de que un hombre, y por tanto un hermano mío, se quitó la vida en un pueblo cercano. A veces, afortunadamente muy pocas veces, la vida es muy triste, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 20/5/1995 Me gustaría que estos momentos en que suelo asomarme a vuestra casa, gracias a esta ventana, no se transformaran en el discurso de cualquier signo y más o menos demagógico, al que venimos asistiendo en diversos medios de comunicación. Mi idea cuando comencé estas cartas, y la que sigo manteniendo ahora, es la de poder ofreceros un momento de descanso o de reflexión, contándoos hechos o pensamientos, reales o ficticios, que mi ventana me ofrece y creo que os pueden interesar. Este es mi compromiso, y este compromiso no excluye el que, a nivel estrictamente personal, me manifieste en estas cartas política o socialmente con la misma y total libertad con que lo hago habitualmente en el trato cotidiano. Procuraré no tocar demasiado el tema de la política, más que nada, porque creo que ya estamos todos un poco hartos de este asunto. Tien’ asero, decían los gitanos de Platero, que por fuera era blanco y peludo, como de algodón. Tiene acero. No sé si conozco a alguien de quien se pueda decir lo mismo. Qué difícil es encontrar a una persona de carácter amable y fuerte al tiempo, agradable en el trato y firme en sus convicciones. Qué difícil va resultando encontrar a alguien que al menos tenga convicciones. Y no me refiero a convicciones políticas, sino a convicciones morales, o incluso éticas. Estamos abandonando el vivir de acuerdo con unos valores a cambio de vivir con el máximo de posesiones materiales posibles. Pensamos que es mejor el estado del bienestar que la calidad de vida, e incluso confundimos estos conceptos. Estamos dispuestos a adorar el becerro de oro en cualquiera de sus manifestaciones, y lo único que nos inquieta es la riqueza de la aleación. Honradez y sinceridad son cualidades incompatibles, no ya con la vida política, sino con la más elemental relación social. Es tan escasa la bondad, y está tan poco valorada, que cuando opinamos en una conversación sobre una persona ausente, y queremos decir que es buena persona, para evitar que la tomen por tonta tenemos que decir: “Es buena gente”. Creo yo que no deberíamos escandalizarnos tanto de la poca limpieza de la vida pública, cuando somos incapaces de agacharnos a recoger que nuestro retoño ha tirado. No deberíamos protestar del alcoholismo en la juventud, cuando menores de edad son abastecidos de alcohol ante nuestra vista, no ya en bares o discotecas, sino en tiendas y supermercados, y no hacemos nada por evitarlo. No debemos quejarnos tanto del narcotráfico, cuando en nuestra Plaza Mayor, a cualquier hora de la mañana o la tarde, podemos ver a los camellos pasando las papelinas a sus clientes, y que conste que mi opinión personal respecto a las drogas es que debían ser de suministro gratuito bajo control médico, pero no es a eso a lo que voy. A lo que voy es a que debe haber más coherencia entre nuestros pensamientos y nuestros actos. De estos mimbres, salen aquellos cestos. Somos nosotros quienes, minuto a minuto, vamos haciendo la vida. Intentemos retomar y poner en práctica los principios que nos enseñaron de pequeños, enseñemos esos mismos principios a los que nos siguen y quizá, al hacerlo, mejoren las acciones de los que nos rodean y representan. Y para suavizar el final, os dejo con una cita de Víctor Hugo: “Con la realidad se vive, con el ideal se existe. ¿Queréis comprender la diferencia? Los animales viven, sólo el hombre existe”. Un abrazo desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla.
Publicado el 13/5/1995 Hablaba el otro día con unos compañeros del arte en general, y de la fotografía en particular. Me preguntaban sobre la técnica de unas fotografías que aparecían en una revista, y que tenían como tema la fiesta de los toros. Después de unas explicaciones, entramos en un pequeño debate, sobre qué es arte y qué no lo es. Bueno, pues el asunto es que llegamos a la conclusión de que en muchas ocasiones nos encontramos con trabajos de “artistas”, y entrecomillo lo de artistas, que no entendemos, y que no nos transmiten ni sentimientos, ni emociones, ni sensaciones, nada en absoluto. Y el caso es que muy a menudo, leemos o escuchamos a los críticos, a los que suponemos con conocimientos superiores a los nuestros, y hablan y no paran de “la esquizofrenia latente del negro”, en tal autor, o de “la atrevida conjunción del verde y el gris marengo” en tal otro, o de “la ruptura de espacios tan hábilmente conseguida”, cosa que el autor ha logrado mediante el sencillo procedimiento de romper la tela del cuadro. Y no digamos ya si el “artista” es escritor, ya puede estar escribiendo sandeces, que no faltará el “crítico” de turno, que aunque no haya leído la obra en cuestión, nos ofrecerá un comentario de la siguiente especie: “Con esta obra nos encontramos otra vez con el mejor… (y aquí podéis poner el nombre que queráis), el de la pluma descriptiva y profunda, el mejor… (y volvéis a poner el nombre del autor), que tantas horas de placer nos ha proporcionado al sumergirnos en su prosa fecunda, y muchas veces “jocunda”. Y resulta que cuando, impresionado por la crítica, apabullado por la publicidad, te acercas a una librería a por el libro en cuestión, aflojas dos o tres mil pesetas, te arrellanas en tu sillón, y después de haber aguantado la mitad del libro te das cuenta de que la presunta prosa fecunda no es tal, que no es más que una serie de frases que no dicen nada, entonces con mucho cuidado escondes el libro en la parte más inaccesible de tu biblioteca, para que cuando alguien te pregunte, puedas contestar más o menos: Está bien, pero he de volver a leerlo, porque hay cosas tan profundas que se escapan a la primera lectura. ¿Porqué no decir sencillamente lo que pensamos? ¿Porqué no decir que si el autor, en lugar de llamarse Don Fulano de Tal y Pascual, se llamara Juan Pérez, opinaríamos que la obra en cuestión no vale lo que un rollo de papel higiénico? Esa es la piedra de toque. Quitar a la obra que se ofrece ante nosotros el nombre del autor, despojarla de la publicidad y títulos o premios que el autor haya conseguido, dejar de lado las críticas, intentar sumergirnos en la obra y sólo después, comparar la opinión que nos haya merecido con la de distintos expertos, y no debemos avergonzarnos de que los listos de turno nos digan que no tenemos ni idea. Cualquier tipo de creación, y mucho más la que pretende ser artística, debe comunicar algo a quien la contempla. Si no lo consigue, si no nos transmite placer ni dolor ni asombro, ni alegría ni tristeza, en resumen, si no despierta nuestro interés, entonces podremos leer o escuchar las críticas de los “expertos” con el mismo espíritu con que escuchamos a los “especialistas” cuando comentan un partido de fútbol televisado. ¿No os h aparecido en alguna ocasión que el partido que comenta el locutor, es uno distinto al que nosotros estamos viendo? Un abrazo desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 29/4/1995 Anoche tardabas en llegar. Desde luego que no era la primera noche que te retrasabas, pero anoche estaba especialmente preocupado. Eran cerca de las doce y no sabía nada de ti. Llegué a pensar incluso en un accidente. Pero no, no podía ser. Seguramente era la niebla, tan cerrada, lo que te había retrasado, y si no era la niebla no me imaginaba lo que podía haber sucedido. Las reuniones con tus compañeros solían terminar a las nueve, o como mucho, las nueve y media. Media hora más de viaje, o cuarenta y cinco minutos teniendo en cuenta la niebla, eso hacían las diez y cuarto o diez y media todo lo más. Y además, si se hubiera prolongado la reunión, habrías llamado. No sabía qué hacer. Había dado la cena a los niños y ya llevaban un rato durmiendo, así que me puse el abrigo y empecé a caminar, cuando decidí darme la vuelta. Era pueril mi actitud. No era la reacción propia de una persona adulta. Total, un retraso lo sufre cualquiera. O una avería, pero ¿porqué no habías llamado? Había decidido seguir paseando bajo la niebla, cuando al pasar por delante de casa, por la ventana de la trasera vi. el coche dentro del garaje. Eso significaba que habías venido por la autopista en lugar de por la carretera, y que habías tomado el último desvío. Entré en casa y te sentí en la ducha, tarareando algo. Al poco saliste, alegre, apenas envuelta por el albornoz, me saludaste fríamente al pasar hacia la cocina, hablabas de unas copas para celebrar no sé qué de una compañera. - ¡ Podías haber llamado ¡ Dijiste algo de llamar después, pero que no pudo ser porque habíais ido a otro sitio, y que cuando os quisisteis dar cuenta ya era tarde, y que no era plan de llamar si ya estabais en camino. Me acosté, mientras tú terminabas en la cocina. Por el sonido de tus pies descalzos te iba siguiendo mentalmente por la casa e imaginando tus movimientos. Volviste al cuarto de baño, te cepillaste los dientes, terminaste de secarte el pelo, tapaste la jaula del canario y subiste al dormitorio. Yo me hice el dormido mientras te acostabas. No te dormías y a mí me empezaba a vencer el sueño cuando me di cuenta de que no habías entrado a ver a los niños. En ese momento noté que mi brazo estaba apoyado en el de un sillón, que yo estaba sentado en ese mismo sillón y que entonces el de la cama no podía ser yo. Y además yo no tengo canario y los niños ya han hecho la mili. Me costó trabajo volver a mi siesta y pensé dos cosas. Una es que tenía que vigilar el picante de las comidas, y la otra que tenía que recordar este sueño para contárosle en la próxima carta que os escribiera, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Recuperando escritos... Publicado el 25 de Marzo de 1995 Necesito un hombro donde descansar mi brazo, un suave regazo donde apoyar mi cabeza, unos ojos jóvenes, limpios, donde al mirarme, no vea un hombre derrotado que llora al amor nacido, recién muerto. De esta forma opinaba un buen amigo mío, algo poeta, hace tiempo, cuando creía saber todo sobre la vida y el amor. Pedía ayuda para poder continuar, después del desengaño y el amor roto. No sabía él entonces, como yo sé ahora, que el amor no se rompe ni se acaba, y supongo que aprenderlo le estará costando mucho dolor. No termina el amor cuando termina una relación, ni comienza al empezar esta. El amor está siempre en nosotros, pero no limitado a nosotros. Formamos parte de un ciclo infinito de amor, y perdonadme la paradoja. Cualquier tipo de relación entre nosotros lo único que hace es servir de vehículo a ese amor, y como tal vehículo puede tener fallos. Hemos complicado mucho las relaciones, y frecuentemente las sometemos a tantas normas, que al seguirlas, olvidamos que son un medio, en lugar de un fin. Los buenos modales no sirven de nada por sí mismos si detrás de la cortesía no asoma el afecto; la religión no es sino fanatismo si no entendemos que el Amor con mayúsculas al que servimos está tamben en el que obra o piensa de forma distinta a la nuestra. Y por favor, no busquemos el amor en los ritos si no está en nuestras relaciones con los demás. Yo compararía las relaciones entre personas a distintas fotografías de un mismo tema. Los puntos de vista pueden ser infinitos, unos más atrayentes o más originales que otros, e incluso pueden hacernos cambiar nuestra opinión sobre el tema principal, aunque este permanezca invariable. A veces aparecen en nuestra vida (y nosotros en la suya) personas que inmediatamente nos caen bien. Otras veces nos relacionamos con personas con las que el entendimiento es costoso, y siempre hay que estar explicando los motivos de los actos y las palabras. Y supongo que alguna vez, en la vida de una persona, aparece otra a la que no es necesario explicar nada, porque existe tal grado de sintonía que parece que hay sólo una mente. Pero sea cual sea el tipo de relación, debemos considerarla como el vehículo de nuestra capacidad para amarnos. Sé que lo que os estoy diciendo se aparta del comentario superficial, y que es posible que sea algo demasiado íntimo como para ser dicho públicamente, pero de verdad creo que nuestra existencia solamente tiene sentido si aprendemos y amamos. Somos uno. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 18/3/1995 Hace muchos años, siendo yo un chaval, solía venir a visitarnos los domingos un tío de mi madre, el tío Felipe, hombretón castizo y tradicional que vivía en Madrid y al que le gustaba visitar el antiguo mercado de ganados de Medina. En aquella época, en el mercado de medina se compraban y vendían todo tipo de animales, mulas, burros, caballos, vacas, cerdos, gallinas, ovejas... Después del mercado, venía el tío Felipe a buscarme a la tienda para ir a tomar el vermú, porque él decía vermú, castellanizando la palabra, e invariablemente yo le preguntaba; - ¿Tío, ya has ido a misa de una? A lo que él, invariablemente respondía: - ¡ A la de tres, yo voy a misa de tres ! No era muy amigo de ir a misa mi. tío Felipe, ni tampoco fue nunca muy amigo de médicos ni medicinas. Cada vez que surgía el tema de alguna dolencia, él recomendaba, con su voz un poco cascada: - ¡ Aspirina, eso se cura con aspirina ! Era el tío Felipe alto, fuerte y colorado de cara, y traía casi siempre puestos su sombrero y su capa, una capa preciosa de color marrón muy oscuro, creo que se llama "ala de mosca" ese color. Era entrañable mi tío Felipe. Cuando fui un poco mayor y mi padre me enseñó a escuchar zarcuela, cada vez que oía lo de ¡Ay Felipe de mi vida!, yo me acordaba del tío Felipe, y pensaba que de joven habría sido un tipo parecido al protagonista de "La Revoltosa". De mi tío Felipe, siempre recordaré aquella tremenda humanidad, arropada por su capa. ---------------------- Ya he sacado la capa. Quizá sería más correcto decir que ya he vuelto a ponerme la capa, como se diría de cualquier otra prenda, pero mi capa no es para mí una prenda más. No sé si os habrá sucedido a vosotros el tener un especial aprecio por una cazadora, un abrigo o cualquier otra pieza del vestuario, no porque sean especiales por su valor económico, sino por la agradable sensación de comodidad y familiaridad con que las vestimos. Es mi capa protección para el frío, pero sobre todo, es una prenda amistosa y cordial, que hace buenas migas con cualquier otra ropa que me ponga. Salimos juntos a pasear en el crudo invierno medinense desde hace muchos años, desde aquellos ya lejanos en que sabiendo mi mujer y mi madre cómo me gustaba, me la regalaron un día de cumpleaños. Pocas capas se veían por nuestras calles en aquella época, y no he de negar que al principio me daba cierto apuro salir con ella, pero pudo más mi entusiasmo que mi tonta vergüenza, y pronto fue admitida y admirada por los que me rodeaban. Ya están los capistas preparando la concentración que, anualmente, se hace entre los de Toro, Peñaranda, Salamanca, Valladolid, Medina, y alguna ciudad más que seguramente estaré olvidando. No es mala cosa esta de reunirse para compartir comida y vivencias, y oír a músicos y rapsodas y cantores, pero, y los capistas medinenses me van a perdonar esta cariñosa reconvención, creo que además de estas citas anuales, es utilizando a menudo la capa como conseguiremos recuperar su uso, que, y algún otro día hablaremos de ello, acaso sea una de las pocas cosas genuinamente nuestras que nos van a dejar disfrutar. Un abrazo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla

viernes, 7 de diciembre de 2012

jueves, 5 de abril de 2012

Nos ahorcamos o les ahorcamos?

De Jose Antonio Osorio Rodríguez, amenazado por Facebook por publicar esto, por favor, que circule. Las libertades se conquistan.

A los que les repugna la idéa de la franca rebelión contra un sistema podrido hasta los cimientos dirigido por gente igual de podrida deberían pensar en que cada día que pasa ellos también se están pudriendo.... No se puede decir aquello de "no es culpa mía" porque la pasividad es un acto criminal que elude las leyes penales pero no podrá hacerlo de la conciencia... Lo que sigue espero que les agite la conciencia o por lo menos, que los agite algo.... si es que no están igualmente podridos.





"Cada cuarenta segundos una persona se quita la vida. Y la situación podría empeorar. Según ha advertido la comisaria europea de Sanidad, Androulla Vassiliou, existe una relación directa que existe entre la economía y la salud de las personas, hasta el punto de que una de las consecuencias de esta crisis económica "ha sido el incremento en un 25% en el número de suicidios y en un 15% el de nuevos casos psiquiátricos". Los datos se hicieron públicos durante la asamblea general que la Federación de la Industria Farmacéutica Europea (Efpia) celebró hace unos días en Sevilla".



http://www.muyinteresante.es/la-crisis-aumenta-la-tasa-de-suicidios



"En España no sé como andará el tema, pero hoy salía publicado que el número de suicidios en Grecia ha aumentado un 40%. El problema de Grecia es muy grave, y ni siquiera oso compararlo al de España, pero nos da una pincelada de qué es lo que importa aquí. Hay que encontrar solución al problema de la escalada imparable de la prima de riesgo, ¿pero que hacemos con los ciudadanos, familias y trabajadores que van a sufrir a veces de una manera que muchos no podemos ni imaginar? ¿Cuánto nos preocupan estos suicidios? ¿Por qué no se hace nada realmente contra los problemas sociales?".



http://caoticaeconomia.wordpress.com/2011/09/20/cuando-los-problemas-de-corto-plazo-afectan-en-el-largo-plazo/





"Aquí os dejo el gráfico de los fallecidos en España por suicidio desde 1990 hasta 2009. El dato de 2010, que he querido incluir, no es el dato oficial del INE puesto que aun no está publicado, pero si que se ha dado como oficial en los medios de comunicación.



La subida tan brutal que se ha ocasionado por la crisis, es algo que no podemos tolerar. Superior a la de Grecia y que permanece olvidada. Sobre todo teniendo en cuenta que en los próximos años la crisis, aun en fase de recuperación, seguirá afectando negativamente a los que ya de por si, están en riesgo de exclusión social.

Las políticas sociales, la sanidad, la preocupación social, las coberturas de desempleo, deben encaminarse y apoyar más y mejor a una sociedad española que sufre. No podemos dejar que un tema tabú como el suicidio se convierta en un problema sin resolver".



http://www.sepuedevivirmejor.com/2011/09/muy-procupante-aumento-de-los-suicidios.html





"Extreme la precaución y esté atento, hoy se quitarán la vida 10 personas en España". "Cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo". "El suicidio es la primera causa de muerte de mujeres entre 30 y 34 años en nuestro país". "3.429 personas se quitaron la vida voluntariamente en 2009".



http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/27/espana/1319712105.html



"David Stuckler, de la Universidad de Cambridge, reconoce a ELMUNDO.es que los datos no son nada halagüeños y menos aún para nuestro país. "Las personas que se quitan la vida están aumentando en la UE después de una década de constante descenso. Este incremento parece ser mayor en los países que se enfrentan a los reveses financieros más graves. España, por ejemplo, experimentó un aumento de los suicidios entre la población activa de alrededor del 8% entre 2007 y 2008"".



http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/07/07/neurociencia/1310062312.html



¿Os acordáis?



"M.P, vecino de Hospitalet de Llobregat, vivía desde hacía nueve meses ocupando "de patada" un piso vacío de protección oficial con su mujer y su hija menor de edad. Se convirtió en ocupa después de haber agotado el paro y no poder pagar el piso de alquiler donde vivía. Pero hace una semana recibió una orden de desahucio anunciándole que tenía que abandonar la vivienda de manera inminente. Finalmente, ayer por la tarde decidió ahorcarse en plena calle, en un parque de la calle Juan de Juanes en el barrio del Gornal en l'Hospitalet.



Según ha informado el presidente de la Asociación de Vecinos Carmen Amaya, Juan Álvarez, M.P, de 45 años de edad, se personó esta semana en el Ayuntamiento de la localidad para pedir que realojaran a su familia en un albergue "porque hacía mucho frío para quedarse tirado en la calle con su familia". Pero, según Álvarez, los servicios sociales del consistorio denegaron su petición. La misma fuente apunta que, como último recurso, el fallecido se personó en dos ocasiones, la última el mismo día del suicidio, para reclamar una demora de un mes en la ejecución del desahucio. Al no obtener una respuesta satisfactoria, a las cinco de esta tarde "ha salido con una cuerda de la vivienda que ocupaba" y ha decidido ahorcarse en el parque de las Setas, a pocos metros del piso que en pocas horas iba a tener que abandonar por la fuerza".



http://www.lavanguardia.com/sucesos/20101111/54067710058/un-padre-de-familia-a-punto-de-ser-desahuciado-se-ahorca-en-plena-calle.html





"El suicidio, primera causa externa de defunción en España"



http://www.publico.es/espana/385257/el-suicidio-primera-causa-externa-de-defuncion-en-espana



"No encuentro otro modo de reaccionar que poner un fin decente [a mi vida], antes de tener que comenzar a revolver la basura para encontrar comida", dejó escrito en una carta un farmacéutico jubilado de 77 años, casado y con una hija, que se suicidó en la plaza Sintagma, de Atenas



http://www.lanacion.com.ar/1462441-tres-suicidios-elevan-la-alarma-en-europa



Los responsables de todo esto (políticos, banqueros, especuladores internacionales, etc) beberán ser juzgados por delitos de "lesa humanidad" y aplicárseles leyes excepcionales que les lleven a la horca. El antecedente está en los juicios de Nuremberg tras la caida del III Reich... La impunidad es un acto criminal...

martes, 27 de marzo de 2012

Carta de una docente.

Una docente anónima ha enviado este escrito a algunas amistades pidiendo que se le diera difusión. Me ha llegado a mí, por lo que quisiera compartirlo con todos vosotros. Un saludo,

Harta

……………………………………………………………………………………………………………

DERECHOS, QUE NO PRIVILEGIOS

Según el Diccionario de uso del español de María Moliner, privilegio es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o por concesión de un superior. Por el contrario derecho es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.

Soy funcionaria, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo no tengo privilegios. El sueldo que cobro es un derecho que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro. Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es agotador. Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes. Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo “enchufismos” de ninguna clase. Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chofer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro ala Administración.

No, yo no tengo privilegios. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones más que el resto de mortales. Pero durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado, o tal vez el viernes por la tarde. Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de Julio. Cuando llevo a mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a mis hijos y a mi familia.

No, yo no tengo privilegios. Y sin embargo me siento privilegiada. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social. Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos. Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave quela Administraciónse empeña en hacer zozobrar.

Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente. Con todo, no crean que quiero ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como el siervo inútil del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios. Los recortes en Sanidad y Educación, son recortes en derechos y no en privilegios. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma de poder para camuflar al verdadero culpable. Con todo lo que está cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto. A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen privilegios, que lo paguen ellos. Por la dignidad del docente, que es lo que no nos pueden quitar.