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domingo, 9 de junio de 2013

Lo que debemos saber sobre las pensiones.

viernes, 31 de mayo de 2013

Recuperando escritos.... Publicado el 5/8/1995 Supongo que alguno de los lectores habrá sentido cierta curiosidad por saber cómo es mi ventana. Pues bien, hoy os voy a hablar de ella. Mi ventana está orientada al Oeste, de donde vienen los vientos y la lluvia. Es una ventana de las antiguas, de las de madera de pino. Cuando era nueva, rezumaba naturaleza por todas sus vetas. Ahora, al acercarme a ella veo que, aunque está barnizada, el agua de la primavera, el sol del verano y las heladas del invierno, han ido dejando su huella en mi ventana. Hoy se fabrican ventanas de plástico que permanecen inalterables ante las inclemencias del tiempo, y que aíslan perfectamente a la gente en sus casas. Pero mi ventana no está ahí para aislarme, sino para poder seguir viendo la calle y sus gentes, aunque yo ya esté recogido en este segundo claustro materno, que es para cada uno de nosotros nuestra casa. Pobre y querida ventana, que a través de tus grietas me muestras cómo pasa el tiempo también para ti, y que a pesar de todo, me acoges con benevolencia, cuando descargo el peso de mi cuerpo en tu alféizar, suavizado por el desgaste. Entonces eres más ventana que nunca, y el bostezo, a veces sonoro, que ofreces al mundo cuando te abro, no es el bostezo aburrido con que se recibe la milésima repetición de un espectáculo, sino el desperezo sensual con que anticipas la satisfacción venidera. Hay otra muchas ventanas, ventanas de patio de vecindad, que unas veces nos muestran lo que no queremos ver, y otras en cambio, con sutil coquetería, velan los perfiles desnudos de rostros y cuerpos; ventanas de galería, falsas ventanas que, a modo de antiparras, se han colocado delante una armazón de aluminio, o de hierro esmaltado, y que ya para lo único que sirven es para que entre un poco de luz, pero que han perdido su función principal, por más que me contradigan los arquitectos, que es la de poder sentir que, a pesar de estar retirados, enclaustrados en nuestro hogar, seguimos estando en relación, aunque sólo sea visual, con nuestra calle y nuestra gente; ventanas de buhardilla, relojes de sol que ayudan a estudiantes y despiertan a recién casados. Y ventanas de semisótanos, tristes ventanas que, presas tras unos barrotes, saben que nunca serán atalaya de gorriones. Hay más ventanas, ventanas en maderas nobles, pretenciosas ventanas de ojo de buey, preciosas ventanas de rejas, donde se funden manos y besos cuando, fugaz, una nube oculta la luna. Pero sé que ninguna de ellas sería mi cómplice, ninguna acogería mi cuerpo como ella, cuando quiero ver el mundo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla.
Publicado el 12/8/1995 Ya pasó el verano. Ya mi ventana vuelve a su sitio, después de haberse asomado a otros paisajes, a otras luces, a otras vidas y costumbres. Ya tuvimos nuestra ración anual de brisa, salada y refrescante; aún lucen en nuestros ojos los infinitos matices de verdes y azules del inmenso manto, armiñado de espuma en sus bordes, que parece el mar, la mar, como le dicen los que van a ella con la sencillez del que acude a su trabajo diario. Ya pasó el verano. Ya los cristales de mi ventana recuperan su claridad después de haber rendido culto a Baco, Venus y Morfeo, en desordenada procesión durante la primera Semana de Septiembre. De todo lo vivido en el verano, quiero conservar en la memoria del papel, más fiel y duradera, un instante mágico. Estábamos en Fonseca, al lado de la plaza del Obradoiro. Habíamos cumplido el rito del abrazo al Santo y el de los “croques” en el Pórtico de la Gloria, y felices y un poco aturdidos por la muchedumbre, descansábamos viendo los preparativos de un mimo que se disponía a comenzar su actuación. La gente desfilaba, indiferente, sorteando a mi hija pequeña, que permanecía absorta viendo el espectáculo que comenzaba ante ella, y que no era otro sino que el mimo, con un cigarrillo en una mano y una rosa en la otra, permanecía en la más absoluta inmovilidad. No sin esfuerzo conseguimos arrancarla de su éxtasis, y comenzamos un paseo interrumpido por las compras de rigor. Al cabo de un rato estábamos otra vez mi hija y yo delante del mimo, mientras el resto de la familia seguía de compras. Pero la actuación del mimo ya no era la inmovilidad absoluta, sino que de vez en cuando, con un gesto de robot, cambiaba su posición. Al poco tiempo me di cuenta de que la pequeña había descubierto con asombro lo que era evidente para un espectador más retirado y menos embelesado, es que el mimo alteraba su posición cada vez que las monedas que arrojaban los viandantes caían dentro del cestillo destinado a recogerlas. Con los ojos llenos de alegría, vino a pedirme –“Por favor, papi”- más monedas para echarlas dentro del cestillo. Se las di, y cuando cayeron en el cestillo, el mimo, no sé si por gratitud ante la donación repetida, o por resultarle ya una cara conocida, o bien porque había observado toda la operación, con un gesto de robot, dulcificado por una gran sonrisa en su blanca cara, ofreció la flor a la niña. Mi hija la cogió y se volvió hacia mí, y su expresión me iluminó y me compensó de muchas otras cosas de este verano. Cuando el mimo bajó a descansar, nos acercamos mi hija y yo. Ella le devolvió la flor, para que pudiera seguir su actuación y yo, estrechándole la mano, le di las gracias. Cuando volvieron la madre y las hermanas y les conté lo sucedido, me preguntaron si lo había filmado. Hasta ese momento no me di cuenta que llevaba la videocámara. Pero creo que lo sucedido se mancharía un poco si lo hubiera grabado y lo pudiéramos ver una y otra vez. Hay momentos y experiencias que son únicos, y que solamente el recuerdo, subjetivo siempre, nos devuelve en toda su belleza. Nos seguiremos viendo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 16/12/1995 A veces, cuando a lo largo de nuestra vida nos vamos encontrando con hechos, situaciones o vivencias, los consideramos como si se produjeran de forma aislada. Podemos llegar a pensar que son tan importantes que los contemplamos sin ninguna perspectiva, influidos y apremiados por su existencia. Pero si somos capaces de frenar nuestra reacción más inmediata, si conseguimos mirar hacia atrás y analizar otros que les han precedido, nuestra visión de esa vivencia o situación pasa a ser más sosegada, y podremos contemplar lo que nos inquietaba como algo que forma parte de una estructura mayor y más compleja, como es en definitiva la vida. Este era el comienzo de una carta que os escribía la semana pasada, en la que planteaba el tema de los problemas que nos vamos encontrando a lo largo de nuestro discurrir por este mundo que, hagamos lo que hagamos, indefectiblemente concluye en la muerte. Quizá no sean las fechas más propicias para hablar de este tema. Se acerca la navidad y tengo la impresión de que este año deseamos su llegada más intensamente que otros. Es un tiempo en que solemos engrasar los engranajes, a veces chirriantes, de nuestras relaciones con los demás. Unos sinceramente y otros de cara a la galería, nos esforzamos en dar un poco de nosotros mismos. Pero a veces sucede que hay personas, amigos, compañeros, a los que la vida parece haberse complacido en maltratar, y que por mucho cariño que les podamos ofrecer, no conseguimos mitigar su tristeza y su dolor. Va a llegar el tiempo en que por historia y por tradición somos más alegres y generosos. No deseo enturbiar vuestra felicidad. Solamente deseo que seamos capaces de amar a quien lo necesita. Alguien dijo que la felicidad es ausencia de dolor. Para mí es muy difícil definirla. Sólo se que la mía siempre ha tenido su origen en los demás. He conocido y amado y eso me ha hecho feliz. Los momentos más gloriosos siempre han sido compartidos, y no me imagino ser feliz sin alguien a mi lado. Y también encuentro la felicidad cuando rescato del olvido a todos aquellos a quienes he querido. En ese momento están tan presentes como cuando compartían tiempo y espacio conmigo. Y es así, forzando con la palanca de la memoria las puertas del tiempo y del espacio, como podemos hacer frente a los retos que, día a día, nos va presentando la vida. En este mundo únicamente sobreviviremos en la memoria de los demás, y eso depende del amor que seamos capaces de ofrecer mientras aún es tiempo. Y es el mismo tiempo que rompe nuestra relación el que ayuda a cicatrizar la herida. Y con su transcurrir miraremos los aconteceres de hoy como algo muy lejano, y recordaremos con cariño a quienes nos ayudaron a ser. Un abrazo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 15/7/1995 Aún es martes cuando escribo estas líneas y ya quisiera que fuera domingo. No sé como transcurre el tiempo para vosotros. Para mí, se va descolgando, cada vez más rápidamente, entre domingo y domingo, como lianas que le fueran necesarias para moverse. Supongo que para las amas de casa que a pesar de vuestra estricta administración, no conseguís llegar al día 30, el tiempo transcurrirá entre día de pago y día de pago, y para los estudiantes entre las vacaciones de verano, las de Navidad, de Carnaval y de Semana Santa, y para los que están en la mili, descontando días hasta la licencia, como siempre ha sido. En fin, creo que la forma de apreciar el paso del tiempo, igual que muchas otras cosas, varía en función de las circunstancias de cada uno, pero como vosotros no me contáis las vuestras, os hablo yo de las mías. El domingo es el día que más me gusta. Comprendo que para el que trabaja este día, quizá no sea así, pero a mi me parecen los domingos de Medina más luminosos que el resto de los días de la semana. Pudiera ser porque me muevo por distintas zonas que otros días, o porque se rompe el ritmo habitual de vida, pero creo que se debe a que el domingo es un día de reencuentros. En el mercado, en misa, en los paseos por la plaza, en el cine de la tarde, pero sobre todo en las obligadas “visitas” a bares y cafeterías del mediodía del domingo, los medinenses nos encontramos después de la semana de trabajo. Casi siempre con nuestras mejores galas, con unos duros en el bolsillo, con tiempo por delante para disfrutar, y los amigos “de toda la vida”, (expresión máxima de la amistad o del conocimiento ante la que no caben méritos ajenos), junto con nosotros para hablar, discutir, reírnos o lo que se tercie, que para eso están los amigos. De vez en cuando, alguno, ausente durante un tiempo por trabajo o por cualquier otro motivo, se une a la panda que, domingo a domingo, y siguiendo un ritual jamás escrito, cerca del mediodía comienza un camino que bar a bar, y al ritmo lento de la cantinela: “Un blanco, dos claretes, tres tintos y dos cortos”, nos deposita en casa a punto de dar las tres, con la satisfacción de haber visto a la gente, tanto la “nuestra” como la habitual, y que muchas veces es la misma que, día a día, cuando no es domingo, veo pasar, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 8/7/1995 BK4454813 06-27-95, BK4454822 06-27-95. Son las identificaciones de las fotografías de las fichas de dos personas, detenidas por la policía de Los Ángeles, California, EEUU. Creo que una de ellas se llama Hugh Grant, es inglés y es el protagonista de “Cuatro bodas y un funeral”. Bueno, pues al bueno de Hugo se le ha caído el pelo. No es que se haya quedado calvo, no, es que ha tenido un desliz que, según los expertos, pone en peligro su vida profesional, salvo que le perdone públicamente su santa (esposa), que por lo visto es una cotizada modelo. Y total, por dar trabajo a una profesional del sexo. Si consideramos la repercusión que, a nivel de prensa ha tenido tal hecho en Inglaterra y los EEUU, podría darnos la impresión de que ni en Inglaterra ni en los EEUU hay putas, y si las hay, no tienen clientes. Y no lo entiendo. Y es que creo que los EEUU están tan acostumbrados a “hacer el amor” al resto del mundo, de grado o por la fuerza, (vaya expresión, “hacer el amor”), que no deberían escandalizarse porque a nivel personal, un miembro de su industria artística, haga lo mismo que como nación vienen haciendo desde siempre. Y tampoco entiendo la reacción de los ingleses respecto al sexo. Aunque puede ser que lo que les ha molestado haya sido la variante utilizada en este caso, una “fellatio”, (quizá quede un poco más fino lo de “sexo oral”). NO empleo el castellano común porque es posible que alguna(o) de Vds. Lo confunda con uno de los sinónimos de borrachera, y no es mi intención. Señor, señor, tanto ruido por un poco de “sexo oral” con una prostituta. Claro que a lo peor ha sido porque esta profesional era negra. O porque la relación se desarrolló dentro de un automóvil, cosa nada elegante. Porque no creo que sea por el aspecto masculino de “la profesional”, con barba de un día, los labios sospechosamente abultados, manos grandes y laringe prominente. No, por ese motivo no hubieran montado todo este “cirio”. La verdad es que mi conocimiento de la forma de ser anglosajona es bastante corto, y se limita al de una familia inglesa en un camping de Tarragona, y a mi relación, amable y cordial, con Douglas, que por lo visto es poco representativo de la forma de pensar del The Guardian: “Hugh ¿… cómo has sido capaz?, o del Daily Telegraph. “¿Qué más puede desear un hombre?”. Yo, la verdad, aún a riesgo de errar, me atrevería a decir a los redactores de los rotativos citados, y a las personas que puedan representar, que lo que puede desear un hombre en un momento determinado, es preciso ser hombre para comprenderlo, dando a la palabra hombre toda la grandeza y toda la miseria de su significado. Hay pasiones, a las que todos en alguna ocasión sucumbimos, mucho más envilecedoras que el sexo, (que además de placentero, es necesario), y en las que ponemos toda nuestra mala voluntad; hay un afán desmesurado de poseer, hay envidia, hipocresía, soberbia, indiferencia ante el dolor (ajeno), ante la extrema miseria (ajena), y demasiado odio en hechos, palabras y miradas, que afortunadamente, veo muy de tarde en tarde, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 10/6/1995 Ya se está produciendo el relevo. Suavemente, sin traumas, a los que vivimos en la primavera del 68 nuestra propia primavera, nos están madurando los renuevos. Me he sorprendido con el hecho, pero es tan natural como cualquier otro acontecer vital. Mi hija mayor, a la que hace unos días estaba meciendo en su cuna, y ayer mismo la iba a buscar a la salida del colegio, ya está en la Universidad. No soy consciente del tiempo transcurrido, pero debe ser cierto que ya tiene dieciocho años. Y sin embargo, ¿dónde están esos dieciocho años? Cuando me miro en el espejo no tengo dudas, pero no es eso lo que pregunto. Lo que me pregunto es que si durante todo ese tiempo hemos vivido en permanente contacto, si hemos aprendido juntos tantas cosas, ¿cómo es que no tengo presente en mi memoria cada momento de esa experiencia única, de ese hecho irrepetible que es la crianza de un hijo? ¿Qué es lo que queda? Estamos tan acostumbrados a tenerlos siempre delante, que no disfrutamos, que no atesoramos cada momento que pasamos con ellos. Y luego, en cada reencuentro, queremos forzar unas risas, restablecer unos puentes que pudieran haberse destruido, y no pensamos que no hacen falta puentes si seguimos siendo los mismos, que no se han creado distancias si antes no las había, que la misma naturaleza de la relación es la que va a eliminar los desacuerdos, como siempre lo ha venido haciendo sin habernos dado cuenta. Son las dos de la madrugada, y estoy escribiendo estas líneas en la habitación, vacía, de mi hija mayor. Ella estará en otra habitación de otra ciudad, viviendo otra parte de su vida. Su luz iluminará a otras gentes, pero a nosotros nos deja en una cierta oscuridad. Qué curioso. Gracias a esa oscuridad destaca más vuestra luz, la luz de las personas especiales que día a día veo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 3/6/1995 El otro día me suicidé. No es que lo tuviera pensado, pero si es cierto que alguna vez, por distintos motivos, había cruzado por mi mente la idea de acabar con mi vida. De hecho, si no hubiera sido por lo del trabajo, puede que no hubiera vuelto a pensarlo, pero perder el trabajo cuando uno tiene ya cuarenta y tantos años, no es precisamente alentador. Así que me decidí. Mientras estaba preparando la cuerda, (fuerte, para no hacer el ridículo), mezclado con la desesperación sentí miedo y al mismo tiempo noté el poder, un poder inmenso en mis manos. Mi mujer se había ido a la compra, la pequeña estaba en la guardería y el mayor en el instituto, tenía tiempo de sobra. Probé el gancho que había en el techo de la despensa y aguantó perfectamente mi peso, así que coloqué la silla, medí y até la cuerda, me pasé el lazo por el cuello, y después de mirar las paredes que me rodeaban, di una patada a la silla y… Cuando llegó el juez para levantar el cadáver, la viuda con los ojos anegados y una niña pequeña en sus brazos, con un gesto le indicó el lugar. El muerto ofrecía el desagradable aspecto que ofrecen los ahorcados, y después de examinar la pequeña habitación, ordenó que le bajaran para llevarle al depósito, donde se procedería a la autopsia. Al salir por el pasillo, a través de la puerta medio abierta de una habitación, vio a un muchacho de unos 16 o 17 años, que sollozando golpeaba la cama con el puño. Aproximadamente a la misma hora, nacía en una clínica privada de una ciudad no muy lejana, una niña preciosa, hija de unos joyeros que tenían varias joyerías en la ciudad. Nadie podía pensar que, cuarenta y tres años más tarde, un accidente de caballo la dejaría confinada en una silla de ruedas para el resto de su vida. Volviendo a nuestro relato, la viuda montó un pequeño negocio que la permitió asegurar el porvenir de sus hijos, aunque el mayor no pudo arrancar jamás de su mente la imagen de su padre, ni pudo entender porqué lo hizo. La pequeña hizo pedagogía y montó una escuela-granja en una finca cercana, que con el tiempo fue conocida en todo el país por sus excelentes resultados en la educación de niños “difíciles”. Su madre acabó trasladándose a la granja, donde tuvo oportunidad de ofrecer todo su amor y comprensión a aquellos pequeños, que cuando terminaban sus estudios, volvían a visitar la granja, como ellos decían, sobre todo por ver a “la abuela”, quien disfrutó de sus visitas durante muchos años. Cualquier parecido de esta historia o de sus personajes con la vida real es pura coincidencia, ya que se debe exclusivamente a mi imaginación, pero pienso que pudo ser así la realidad, cuando el otro día me enteré de que un hombre, y por tanto un hermano mío, se quitó la vida en un pueblo cercano. A veces, afortunadamente muy pocas veces, la vida es muy triste, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 20/5/1995 Me gustaría que estos momentos en que suelo asomarme a vuestra casa, gracias a esta ventana, no se transformaran en el discurso de cualquier signo y más o menos demagógico, al que venimos asistiendo en diversos medios de comunicación. Mi idea cuando comencé estas cartas, y la que sigo manteniendo ahora, es la de poder ofreceros un momento de descanso o de reflexión, contándoos hechos o pensamientos, reales o ficticios, que mi ventana me ofrece y creo que os pueden interesar. Este es mi compromiso, y este compromiso no excluye el que, a nivel estrictamente personal, me manifieste en estas cartas política o socialmente con la misma y total libertad con que lo hago habitualmente en el trato cotidiano. Procuraré no tocar demasiado el tema de la política, más que nada, porque creo que ya estamos todos un poco hartos de este asunto. Tien’ asero, decían los gitanos de Platero, que por fuera era blanco y peludo, como de algodón. Tiene acero. No sé si conozco a alguien de quien se pueda decir lo mismo. Qué difícil es encontrar a una persona de carácter amable y fuerte al tiempo, agradable en el trato y firme en sus convicciones. Qué difícil va resultando encontrar a alguien que al menos tenga convicciones. Y no me refiero a convicciones políticas, sino a convicciones morales, o incluso éticas. Estamos abandonando el vivir de acuerdo con unos valores a cambio de vivir con el máximo de posesiones materiales posibles. Pensamos que es mejor el estado del bienestar que la calidad de vida, e incluso confundimos estos conceptos. Estamos dispuestos a adorar el becerro de oro en cualquiera de sus manifestaciones, y lo único que nos inquieta es la riqueza de la aleación. Honradez y sinceridad son cualidades incompatibles, no ya con la vida política, sino con la más elemental relación social. Es tan escasa la bondad, y está tan poco valorada, que cuando opinamos en una conversación sobre una persona ausente, y queremos decir que es buena persona, para evitar que la tomen por tonta tenemos que decir: “Es buena gente”. Creo yo que no deberíamos escandalizarnos tanto de la poca limpieza de la vida pública, cuando somos incapaces de agacharnos a recoger que nuestro retoño ha tirado. No deberíamos protestar del alcoholismo en la juventud, cuando menores de edad son abastecidos de alcohol ante nuestra vista, no ya en bares o discotecas, sino en tiendas y supermercados, y no hacemos nada por evitarlo. No debemos quejarnos tanto del narcotráfico, cuando en nuestra Plaza Mayor, a cualquier hora de la mañana o la tarde, podemos ver a los camellos pasando las papelinas a sus clientes, y que conste que mi opinión personal respecto a las drogas es que debían ser de suministro gratuito bajo control médico, pero no es a eso a lo que voy. A lo que voy es a que debe haber más coherencia entre nuestros pensamientos y nuestros actos. De estos mimbres, salen aquellos cestos. Somos nosotros quienes, minuto a minuto, vamos haciendo la vida. Intentemos retomar y poner en práctica los principios que nos enseñaron de pequeños, enseñemos esos mismos principios a los que nos siguen y quizá, al hacerlo, mejoren las acciones de los que nos rodean y representan. Y para suavizar el final, os dejo con una cita de Víctor Hugo: “Con la realidad se vive, con el ideal se existe. ¿Queréis comprender la diferencia? Los animales viven, sólo el hombre existe”. Un abrazo desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla.
Publicado el 13/5/1995 Hablaba el otro día con unos compañeros del arte en general, y de la fotografía en particular. Me preguntaban sobre la técnica de unas fotografías que aparecían en una revista, y que tenían como tema la fiesta de los toros. Después de unas explicaciones, entramos en un pequeño debate, sobre qué es arte y qué no lo es. Bueno, pues el asunto es que llegamos a la conclusión de que en muchas ocasiones nos encontramos con trabajos de “artistas”, y entrecomillo lo de artistas, que no entendemos, y que no nos transmiten ni sentimientos, ni emociones, ni sensaciones, nada en absoluto. Y el caso es que muy a menudo, leemos o escuchamos a los críticos, a los que suponemos con conocimientos superiores a los nuestros, y hablan y no paran de “la esquizofrenia latente del negro”, en tal autor, o de “la atrevida conjunción del verde y el gris marengo” en tal otro, o de “la ruptura de espacios tan hábilmente conseguida”, cosa que el autor ha logrado mediante el sencillo procedimiento de romper la tela del cuadro. Y no digamos ya si el “artista” es escritor, ya puede estar escribiendo sandeces, que no faltará el “crítico” de turno, que aunque no haya leído la obra en cuestión, nos ofrecerá un comentario de la siguiente especie: “Con esta obra nos encontramos otra vez con el mejor… (y aquí podéis poner el nombre que queráis), el de la pluma descriptiva y profunda, el mejor… (y volvéis a poner el nombre del autor), que tantas horas de placer nos ha proporcionado al sumergirnos en su prosa fecunda, y muchas veces “jocunda”. Y resulta que cuando, impresionado por la crítica, apabullado por la publicidad, te acercas a una librería a por el libro en cuestión, aflojas dos o tres mil pesetas, te arrellanas en tu sillón, y después de haber aguantado la mitad del libro te das cuenta de que la presunta prosa fecunda no es tal, que no es más que una serie de frases que no dicen nada, entonces con mucho cuidado escondes el libro en la parte más inaccesible de tu biblioteca, para que cuando alguien te pregunte, puedas contestar más o menos: Está bien, pero he de volver a leerlo, porque hay cosas tan profundas que se escapan a la primera lectura. ¿Porqué no decir sencillamente lo que pensamos? ¿Porqué no decir que si el autor, en lugar de llamarse Don Fulano de Tal y Pascual, se llamara Juan Pérez, opinaríamos que la obra en cuestión no vale lo que un rollo de papel higiénico? Esa es la piedra de toque. Quitar a la obra que se ofrece ante nosotros el nombre del autor, despojarla de la publicidad y títulos o premios que el autor haya conseguido, dejar de lado las críticas, intentar sumergirnos en la obra y sólo después, comparar la opinión que nos haya merecido con la de distintos expertos, y no debemos avergonzarnos de que los listos de turno nos digan que no tenemos ni idea. Cualquier tipo de creación, y mucho más la que pretende ser artística, debe comunicar algo a quien la contempla. Si no lo consigue, si no nos transmite placer ni dolor ni asombro, ni alegría ni tristeza, en resumen, si no despierta nuestro interés, entonces podremos leer o escuchar las críticas de los “expertos” con el mismo espíritu con que escuchamos a los “especialistas” cuando comentan un partido de fútbol televisado. ¿No os h aparecido en alguna ocasión que el partido que comenta el locutor, es uno distinto al que nosotros estamos viendo? Un abrazo desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 29/4/1995 Anoche tardabas en llegar. Desde luego que no era la primera noche que te retrasabas, pero anoche estaba especialmente preocupado. Eran cerca de las doce y no sabía nada de ti. Llegué a pensar incluso en un accidente. Pero no, no podía ser. Seguramente era la niebla, tan cerrada, lo que te había retrasado, y si no era la niebla no me imaginaba lo que podía haber sucedido. Las reuniones con tus compañeros solían terminar a las nueve, o como mucho, las nueve y media. Media hora más de viaje, o cuarenta y cinco minutos teniendo en cuenta la niebla, eso hacían las diez y cuarto o diez y media todo lo más. Y además, si se hubiera prolongado la reunión, habrías llamado. No sabía qué hacer. Había dado la cena a los niños y ya llevaban un rato durmiendo, así que me puse el abrigo y empecé a caminar, cuando decidí darme la vuelta. Era pueril mi actitud. No era la reacción propia de una persona adulta. Total, un retraso lo sufre cualquiera. O una avería, pero ¿porqué no habías llamado? Había decidido seguir paseando bajo la niebla, cuando al pasar por delante de casa, por la ventana de la trasera vi. el coche dentro del garaje. Eso significaba que habías venido por la autopista en lugar de por la carretera, y que habías tomado el último desvío. Entré en casa y te sentí en la ducha, tarareando algo. Al poco saliste, alegre, apenas envuelta por el albornoz, me saludaste fríamente al pasar hacia la cocina, hablabas de unas copas para celebrar no sé qué de una compañera. - ¡ Podías haber llamado ¡ Dijiste algo de llamar después, pero que no pudo ser porque habíais ido a otro sitio, y que cuando os quisisteis dar cuenta ya era tarde, y que no era plan de llamar si ya estabais en camino. Me acosté, mientras tú terminabas en la cocina. Por el sonido de tus pies descalzos te iba siguiendo mentalmente por la casa e imaginando tus movimientos. Volviste al cuarto de baño, te cepillaste los dientes, terminaste de secarte el pelo, tapaste la jaula del canario y subiste al dormitorio. Yo me hice el dormido mientras te acostabas. No te dormías y a mí me empezaba a vencer el sueño cuando me di cuenta de que no habías entrado a ver a los niños. En ese momento noté que mi brazo estaba apoyado en el de un sillón, que yo estaba sentado en ese mismo sillón y que entonces el de la cama no podía ser yo. Y además yo no tengo canario y los niños ya han hecho la mili. Me costó trabajo volver a mi siesta y pensé dos cosas. Una es que tenía que vigilar el picante de las comidas, y la otra que tenía que recordar este sueño para contárosle en la próxima carta que os escribiera, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla
Recuperando escritos... Publicado el 25 de Marzo de 1995 Necesito un hombro donde descansar mi brazo, un suave regazo donde apoyar mi cabeza, unos ojos jóvenes, limpios, donde al mirarme, no vea un hombre derrotado que llora al amor nacido, recién muerto. De esta forma opinaba un buen amigo mío, algo poeta, hace tiempo, cuando creía saber todo sobre la vida y el amor. Pedía ayuda para poder continuar, después del desengaño y el amor roto. No sabía él entonces, como yo sé ahora, que el amor no se rompe ni se acaba, y supongo que aprenderlo le estará costando mucho dolor. No termina el amor cuando termina una relación, ni comienza al empezar esta. El amor está siempre en nosotros, pero no limitado a nosotros. Formamos parte de un ciclo infinito de amor, y perdonadme la paradoja. Cualquier tipo de relación entre nosotros lo único que hace es servir de vehículo a ese amor, y como tal vehículo puede tener fallos. Hemos complicado mucho las relaciones, y frecuentemente las sometemos a tantas normas, que al seguirlas, olvidamos que son un medio, en lugar de un fin. Los buenos modales no sirven de nada por sí mismos si detrás de la cortesía no asoma el afecto; la religión no es sino fanatismo si no entendemos que el Amor con mayúsculas al que servimos está tamben en el que obra o piensa de forma distinta a la nuestra. Y por favor, no busquemos el amor en los ritos si no está en nuestras relaciones con los demás. Yo compararía las relaciones entre personas a distintas fotografías de un mismo tema. Los puntos de vista pueden ser infinitos, unos más atrayentes o más originales que otros, e incluso pueden hacernos cambiar nuestra opinión sobre el tema principal, aunque este permanezca invariable. A veces aparecen en nuestra vida (y nosotros en la suya) personas que inmediatamente nos caen bien. Otras veces nos relacionamos con personas con las que el entendimiento es costoso, y siempre hay que estar explicando los motivos de los actos y las palabras. Y supongo que alguna vez, en la vida de una persona, aparece otra a la que no es necesario explicar nada, porque existe tal grado de sintonía que parece que hay sólo una mente. Pero sea cual sea el tipo de relación, debemos considerarla como el vehículo de nuestra capacidad para amarnos. Sé que lo que os estoy diciendo se aparta del comentario superficial, y que es posible que sea algo demasiado íntimo como para ser dicho públicamente, pero de verdad creo que nuestra existencia solamente tiene sentido si aprendemos y amamos. Somos uno. L. Alfonso Asperilla
Publicado el 18/3/1995 Hace muchos años, siendo yo un chaval, solía venir a visitarnos los domingos un tío de mi madre, el tío Felipe, hombretón castizo y tradicional que vivía en Madrid y al que le gustaba visitar el antiguo mercado de ganados de Medina. En aquella época, en el mercado de medina se compraban y vendían todo tipo de animales, mulas, burros, caballos, vacas, cerdos, gallinas, ovejas... Después del mercado, venía el tío Felipe a buscarme a la tienda para ir a tomar el vermú, porque él decía vermú, castellanizando la palabra, e invariablemente yo le preguntaba; - ¿Tío, ya has ido a misa de una? A lo que él, invariablemente respondía: - ¡ A la de tres, yo voy a misa de tres ! No era muy amigo de ir a misa mi. tío Felipe, ni tampoco fue nunca muy amigo de médicos ni medicinas. Cada vez que surgía el tema de alguna dolencia, él recomendaba, con su voz un poco cascada: - ¡ Aspirina, eso se cura con aspirina ! Era el tío Felipe alto, fuerte y colorado de cara, y traía casi siempre puestos su sombrero y su capa, una capa preciosa de color marrón muy oscuro, creo que se llama "ala de mosca" ese color. Era entrañable mi tío Felipe. Cuando fui un poco mayor y mi padre me enseñó a escuchar zarcuela, cada vez que oía lo de ¡Ay Felipe de mi vida!, yo me acordaba del tío Felipe, y pensaba que de joven habría sido un tipo parecido al protagonista de "La Revoltosa". De mi tío Felipe, siempre recordaré aquella tremenda humanidad, arropada por su capa. ---------------------- Ya he sacado la capa. Quizá sería más correcto decir que ya he vuelto a ponerme la capa, como se diría de cualquier otra prenda, pero mi capa no es para mí una prenda más. No sé si os habrá sucedido a vosotros el tener un especial aprecio por una cazadora, un abrigo o cualquier otra pieza del vestuario, no porque sean especiales por su valor económico, sino por la agradable sensación de comodidad y familiaridad con que las vestimos. Es mi capa protección para el frío, pero sobre todo, es una prenda amistosa y cordial, que hace buenas migas con cualquier otra ropa que me ponga. Salimos juntos a pasear en el crudo invierno medinense desde hace muchos años, desde aquellos ya lejanos en que sabiendo mi mujer y mi madre cómo me gustaba, me la regalaron un día de cumpleaños. Pocas capas se veían por nuestras calles en aquella época, y no he de negar que al principio me daba cierto apuro salir con ella, pero pudo más mi entusiasmo que mi tonta vergüenza, y pronto fue admitida y admirada por los que me rodeaban. Ya están los capistas preparando la concentración que, anualmente, se hace entre los de Toro, Peñaranda, Salamanca, Valladolid, Medina, y alguna ciudad más que seguramente estaré olvidando. No es mala cosa esta de reunirse para compartir comida y vivencias, y oír a músicos y rapsodas y cantores, pero, y los capistas medinenses me van a perdonar esta cariñosa reconvención, creo que además de estas citas anuales, es utilizando a menudo la capa como conseguiremos recuperar su uso, que, y algún otro día hablaremos de ello, acaso sea una de las pocas cosas genuinamente nuestras que nos van a dejar disfrutar. Un abrazo, desde mi ventana. L. Alfonso Asperilla

viernes, 7 de diciembre de 2012

jueves, 5 de abril de 2012

Nos ahorcamos o les ahorcamos?

De Jose Antonio Osorio Rodríguez, amenazado por Facebook por publicar esto, por favor, que circule. Las libertades se conquistan.

A los que les repugna la idéa de la franca rebelión contra un sistema podrido hasta los cimientos dirigido por gente igual de podrida deberían pensar en que cada día que pasa ellos también se están pudriendo.... No se puede decir aquello de "no es culpa mía" porque la pasividad es un acto criminal que elude las leyes penales pero no podrá hacerlo de la conciencia... Lo que sigue espero que les agite la conciencia o por lo menos, que los agite algo.... si es que no están igualmente podridos.





"Cada cuarenta segundos una persona se quita la vida. Y la situación podría empeorar. Según ha advertido la comisaria europea de Sanidad, Androulla Vassiliou, existe una relación directa que existe entre la economía y la salud de las personas, hasta el punto de que una de las consecuencias de esta crisis económica "ha sido el incremento en un 25% en el número de suicidios y en un 15% el de nuevos casos psiquiátricos". Los datos se hicieron públicos durante la asamblea general que la Federación de la Industria Farmacéutica Europea (Efpia) celebró hace unos días en Sevilla".



http://www.muyinteresante.es/la-crisis-aumenta-la-tasa-de-suicidios



"En España no sé como andará el tema, pero hoy salía publicado que el número de suicidios en Grecia ha aumentado un 40%. El problema de Grecia es muy grave, y ni siquiera oso compararlo al de España, pero nos da una pincelada de qué es lo que importa aquí. Hay que encontrar solución al problema de la escalada imparable de la prima de riesgo, ¿pero que hacemos con los ciudadanos, familias y trabajadores que van a sufrir a veces de una manera que muchos no podemos ni imaginar? ¿Cuánto nos preocupan estos suicidios? ¿Por qué no se hace nada realmente contra los problemas sociales?".



http://caoticaeconomia.wordpress.com/2011/09/20/cuando-los-problemas-de-corto-plazo-afectan-en-el-largo-plazo/





"Aquí os dejo el gráfico de los fallecidos en España por suicidio desde 1990 hasta 2009. El dato de 2010, que he querido incluir, no es el dato oficial del INE puesto que aun no está publicado, pero si que se ha dado como oficial en los medios de comunicación.



La subida tan brutal que se ha ocasionado por la crisis, es algo que no podemos tolerar. Superior a la de Grecia y que permanece olvidada. Sobre todo teniendo en cuenta que en los próximos años la crisis, aun en fase de recuperación, seguirá afectando negativamente a los que ya de por si, están en riesgo de exclusión social.

Las políticas sociales, la sanidad, la preocupación social, las coberturas de desempleo, deben encaminarse y apoyar más y mejor a una sociedad española que sufre. No podemos dejar que un tema tabú como el suicidio se convierta en un problema sin resolver".



http://www.sepuedevivirmejor.com/2011/09/muy-procupante-aumento-de-los-suicidios.html





"Extreme la precaución y esté atento, hoy se quitarán la vida 10 personas en España". "Cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo". "El suicidio es la primera causa de muerte de mujeres entre 30 y 34 años en nuestro país". "3.429 personas se quitaron la vida voluntariamente en 2009".



http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/27/espana/1319712105.html



"David Stuckler, de la Universidad de Cambridge, reconoce a ELMUNDO.es que los datos no son nada halagüeños y menos aún para nuestro país. "Las personas que se quitan la vida están aumentando en la UE después de una década de constante descenso. Este incremento parece ser mayor en los países que se enfrentan a los reveses financieros más graves. España, por ejemplo, experimentó un aumento de los suicidios entre la población activa de alrededor del 8% entre 2007 y 2008"".



http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/07/07/neurociencia/1310062312.html



¿Os acordáis?



"M.P, vecino de Hospitalet de Llobregat, vivía desde hacía nueve meses ocupando "de patada" un piso vacío de protección oficial con su mujer y su hija menor de edad. Se convirtió en ocupa después de haber agotado el paro y no poder pagar el piso de alquiler donde vivía. Pero hace una semana recibió una orden de desahucio anunciándole que tenía que abandonar la vivienda de manera inminente. Finalmente, ayer por la tarde decidió ahorcarse en plena calle, en un parque de la calle Juan de Juanes en el barrio del Gornal en l'Hospitalet.



Según ha informado el presidente de la Asociación de Vecinos Carmen Amaya, Juan Álvarez, M.P, de 45 años de edad, se personó esta semana en el Ayuntamiento de la localidad para pedir que realojaran a su familia en un albergue "porque hacía mucho frío para quedarse tirado en la calle con su familia". Pero, según Álvarez, los servicios sociales del consistorio denegaron su petición. La misma fuente apunta que, como último recurso, el fallecido se personó en dos ocasiones, la última el mismo día del suicidio, para reclamar una demora de un mes en la ejecución del desahucio. Al no obtener una respuesta satisfactoria, a las cinco de esta tarde "ha salido con una cuerda de la vivienda que ocupaba" y ha decidido ahorcarse en el parque de las Setas, a pocos metros del piso que en pocas horas iba a tener que abandonar por la fuerza".



http://www.lavanguardia.com/sucesos/20101111/54067710058/un-padre-de-familia-a-punto-de-ser-desahuciado-se-ahorca-en-plena-calle.html





"El suicidio, primera causa externa de defunción en España"



http://www.publico.es/espana/385257/el-suicidio-primera-causa-externa-de-defuncion-en-espana



"No encuentro otro modo de reaccionar que poner un fin decente [a mi vida], antes de tener que comenzar a revolver la basura para encontrar comida", dejó escrito en una carta un farmacéutico jubilado de 77 años, casado y con una hija, que se suicidó en la plaza Sintagma, de Atenas



http://www.lanacion.com.ar/1462441-tres-suicidios-elevan-la-alarma-en-europa



Los responsables de todo esto (políticos, banqueros, especuladores internacionales, etc) beberán ser juzgados por delitos de "lesa humanidad" y aplicárseles leyes excepcionales que les lleven a la horca. El antecedente está en los juicios de Nuremberg tras la caida del III Reich... La impunidad es un acto criminal...

martes, 27 de marzo de 2012

Carta de una docente.

Una docente anónima ha enviado este escrito a algunas amistades pidiendo que se le diera difusión. Me ha llegado a mí, por lo que quisiera compartirlo con todos vosotros. Un saludo,

Harta

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DERECHOS, QUE NO PRIVILEGIOS

Según el Diccionario de uso del español de María Moliner, privilegio es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o por concesión de un superior. Por el contrario derecho es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.

Soy funcionaria, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo no tengo privilegios. El sueldo que cobro es un derecho que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro. Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es agotador. Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes. Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo “enchufismos” de ninguna clase. Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chofer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro ala Administración.

No, yo no tengo privilegios. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones más que el resto de mortales. Pero durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado, o tal vez el viernes por la tarde. Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de Julio. Cuando llevo a mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a mis hijos y a mi familia.

No, yo no tengo privilegios. Y sin embargo me siento privilegiada. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social. Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos. Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave quela Administraciónse empeña en hacer zozobrar.

Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente. Con todo, no crean que quiero ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como el siervo inútil del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios. Los recortes en Sanidad y Educación, son recortes en derechos y no en privilegios. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma de poder para camuflar al verdadero culpable. Con todo lo que está cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto. A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen privilegios, que lo paguen ellos. Por la dignidad del docente, que es lo que no nos pueden quitar.

miércoles, 29 de febrero de 2012

La "presunta" mentira del euribor

El índice que más nos agobia a l@s español@s, quien lo maneja?. Muy interesante. http://www.youtube.com/watch?v=DSFnq4VaMW8 copìar y pegar el enlace.

jueves, 9 de febrero de 2012

La "otra cara" del milagro alemán

¿Como es posible que Alemania tenga la tasa mas baja de paro desde la reunificación?

Posiblemente este artículo de El Economista nos aclare parte de este presunto "milagro"

La otra cara del “milagro alemán”: 7 millones de minijobs y 50 céntimos/hora

Jueves, febrero 9, 2012, 11:55


Sueldos de dos euros la hora para fregar platos y limpiar suelos, agencias de empleo que demandan personal al que pagar menos de 60 céntimos la hora, siete millones de empleados con minijobs… ¿Qué hay detrás del milagro económico alemán?

“Mi empresa me explotaba, asegura Anja, de 50 años”, en declaraciones que recoge Reuters. “Si pudiera encontrar otro trabajo, me marcharía muy muy lejos”. Durante los últimos seis años se ha dedicado a fregar suelos y lavar platos por dos euros la hora.

La moderación salarial y las reformas del mercado laboral han empujado la tasa de paro hasta el nivel más bajo en 20 años, y el modelo alemán se cita a menudo como ejemplo al resto de países europeos que quieren reducir el desempleo y buscan ser más competitivos. Pero Anja se escandaliza cada vez que lee en un titular, “el milagro económico alemán”.
Las consecuencias de la reforma

Los críticos aseguran que los cambios laborales de principios de la década pasada han contribuido a crear puestos de trabajo, pero también han fomentado la existencia de trabajos temporales y mal pagados, incrementando la desigualdad salarial.

Los datos de la oficina de empleo germana muestran cómo el grupo de empleados con salarios más bajos creció tres veces más rápido que el resto entre 2005 y 2010. Eso explica por qué el milagro laboral no ha llevado a los ciudadanos a gastar mucho más, asegura Reuters en su artículo.

En Alemania no existe un salario mínimo a nivel nacional, por eso los sueldos pueden ser incluso inferiores a un euro la hora, especialmente en los estados de la antigua Alemania comunista.

“He tenido algunas personas que ganan apenas 55 céntimos la hora”, explica Peter Huefken, jefe de la agencia de empleo de la ciudad germana de Stralsund, la primera de este tipo que ha demandado a las empresas por pagar sueldos muy bajos. Huefken anima a otras agencias a seguir sus pasos.

En 2011, el número de ocupados en Alemania sobrepasó los 41 millones, el nivel más elevado desde la reunificación. La tasa de empleo ha disminuido prácticamente de forma constante desde el año 2005 y ahora se sitúa tan sólo en el 6,7%, frente al 23% de España o el 18% de Grecia.
¿Una reforma precoz?

En 2003, con Gerhard Schroeder como canciller, Alemania se embarcó en una serie de reformas laborales que fueron calificadas por muchos como “el mayor cambio en el sistema de bienestar social desde la Segunda Guerra Mundial”, aún cuando muchos otros se movían en la dirección opuesta.

Mientras los socialistas franceses introducían la semana de 35 horas y un mínimo arranque al alza de los salarios, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desregulaba el mercado laboral y aumentaba la presión sobre los desempleados para que encontrasen trabajo. Los sindicatos y los empresarios estaban de acuerdo en fomentar la moderación salarial en pro de una mayor seguridad laboral y crecimiento.

A partir de 2005, el desempleo comenzó a caer, acercándose a niveles previos a la reunificación. En otras partes de Europa, en cambio, se empezaba a luchar contra el paro. Pero, desde entonces, han crecido especialmente los empleos temporales y de baja remuneración como consecuencia de la desregulación y la promoción de empleos flexibles y con sueldos de 400 euros, los llamados minijobs, una opción de trabajo a tiempo parcial que puede resultar atractiva para muchos parados.
Las críticas de la OIT

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha criticado recientemente la política alemana de competitividad salarial, considerándola como la “causa estructural” de la crisis en la zona euro.

Según un informe que recoge France Press, las reformas de Schroeder tuvieron como efecto “reducir los ingresos más bajos, especialmente en los servicios, donde aparecieron nuevos empleos de baja remuneración”. Pero, al mismo tiempo, “se hizo poco para mejorar la competitividad a través de una progresión de la productividad”, según este informe.

La política de deflación salarial no solamente ha afectado al consumo. “También condujo a un aumento de la desigualdad de los ingresos a una velocidad jamás vista, ni siquiera durante el choque producido tras la reunificación”, denuncia por su parte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La cuestión es que “los demás países consideran cada vez más que una dura política de deflación salarial es la solución a su falta de competitividad”, subraya el informe.

Los economistas aseguran que el objetivo de Schroeder era conseguir la reincorporación al mercado laboral de los desempleados poco cualificados y de parados de larga duración. En 2005, su último año como canciller, se jactó en el Foro Económico Mundial de Davos de haber construido uno de los sectores de salarios más bajos de toda Europa, recuerda Reuters.

Hoy, siete años más tarde, los empresarios alaban las reformas que condujeron a la existencia de los minijobs y de los empleos temporales. “Fueron particularmente populares entre las mujeres y los estudiantes para ganar algo de dinero extra”, o “dieron más flexibilidad a las empresas y la posibilidad de contratar a más personas para empleos poco cualificados y de baja productividad”, son los argumentos que más resuenan.
¿Camino a ninguna parte?

En cambio, los más criticos con las reformas aseguran que se ha tenido que pagar un alto precio, el que supone un mercado laboral de dos niveles. Y apuntan a que si bien ha ayudado a trabajadores de baja cualificación a incorporarse al mercado laboral, las encuestas muestran que no les ha llevado a ninguna parte. Además, alegan que los empresarios tienen pocos incentivos para crear trabajos estables a tiempo completo.

El resultado es que uno de cada cinco empleos en Alemania es hoy un minijob: sueldos máximos de 400 euros al mes libres de impuestos. Para casi siete millones de trabajadores este es su principal empleo.

El Economista

lunes, 12 de septiembre de 2011

Otra ventana

Ya no estoy en mi ventana, aquella ventana desde la que os comentaba, hace años, sobre vivos y muertos, sobre sentimientos y sensaciones, aquella ventana privilegiada que observaba los vientos de cambio, casi siempre del Sur, desde la que veía caer la lluvia, limpiando el polvo de décadas, y aún de siglos, que se acumulaba en esta tierra nuestra. Han sucedido muchas cosas, pasaron las lluvias y ahora el polvo ya no es solamente polvo, también es contaminación, pesticidas, productos químicos. Y ya no llueve, al menos no tanto como llovía. Ahora riegan las calles, y el inútil riego proporciona una pátina de limpieza que dura apenas nada, unas horas. Y cada riego nos borra un poco aquella esperanza, la de que los vientos y la lluvia vuelvan a dejar las cosas como deben estar.
Os decía que ya no estoy en aquella ventana, ahora os escribo desde un refugio. Frente a mí, una pared, adornada con fotografías de un grupo de folclore cubano. Giro la mirada y veo la cocina, un poco más y veo el patio, protegido contra la lluvia por unos enormes ventanales translúcidos de plástico, creo que le llaman policarbonato. En principio estaban pensados para mi padre, para que pudiera pasear, al abrigo de las lluvias, aquellos paseos que los médicos le recomendaban en sus últimos años. El no quiso nunca cambiar el aire libre por el policarbonato, ni la sombra de la parra por la del Mylar (otro plástico). Cuando murió, yo lo cambié, con otros fines, pero fue inútil, tampoco sirvieron a los nuevos. Y ahí están, atemperando plásticamente los rigores del invierno, y también los del verano. Bien está, pero me parece ahora que no ha merecido la pena este cambio. Cabe decir que tampoco han merecido la pena otros cambios que nos han sucedido a todos. Demasiados esfuerzos para que las cosas estén peor.
Y es que nos creímos que, de pronto, íbamos a descubrir América, y resulta que ya estaba descubierta, y nos creímos que íbamos a ser europeos y nos irían mejor las cosas, sin darnos cuenta de que ya éramos europeos, por más que no nos lo creyéramos, que el cambio debía producirse en nuestras mentes, y no en unos documentos que firmamos “para ser europeos”. Cierto es que la europeidad firmada alejó de muchas mentes la posibilidad de un intento de vuelta al régimen opresor, pero nos dejó a cambio la cultura del todo vale, de la falta de valores, y nos alejó también de la sencillez, del respeto y la cortesía. Pero nos empeñamos en cambiar, quizá por el simple hecho de cambiar, y nos revestimos con una cultura de gasto, de consumismo compulsivo, que es el que nos mantiene en un ficticio “estado de bienestar” en el que confundimos (y seguimos confundiendo) tener con ser, hablar con razonar, opinar con informar, colegiar con educar y otros conceptos como democracia con partitocracia. Pero entrar en esto último sería entrar ya en otro tema, ¿bastante alejado? del, muy particular y no demasiado trascendente, hecho de haber cambiado la parra del patio de la casa que fue de mis padres, por plástico. Un abrazo desde mi nueva y virtual ventana.

miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Que queremos?

Sólo después que el último árbol haya sido cortado,
Sólo después que el último río haya sido envenenado,
Sólo después que el último pez haya sido pescado,
Sólo entonces descubrirás que el dinero no se puede comer.
Indios Cree
Semper.



Carta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos
[Carta: Texto completo]
Jefe Seattle

Nota

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A cambio, promete crear una "reservación" para el pueblo indígena. El jefe Seattle responde en 1855.


El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

FIN